Esto puede parecer básico a la hora de adiestrar y educar a nuestra mascota, pero existen muchas cosas que hacemos inconscientemente y que más que ayudar, empeoran las cosas.
Cuento lo que me ha pasado a mí con Lina, en ocasiones llegamos algo más cansados o estresados del trabajo, del día, alguna situación que nos altera, etc; eso puede provocar que nuestras correcciones o llamadas de atención sean mal "dosificadas" y eso mismo me está pasando a mí. Todo esto va en función del carácter del animal y si es más sumiso o menos.
Vereis, en una corrección a Lina sobre el pipí en el patio, mi tono de voz fué algo más alto de lo normal y llegué a zarandear un poco por el pliegue del cuello en la corrección, esto ha provocado que ahora en el patio, cuando Lina me nota algo más tenso, arisco o lo que sea que ellos noten en nuestro lenguaje corporal, se comporte de forma muy sumisa e incluso adopte una posición de protección ante un posible golpe.
Con esto me gustaría llamar la atención sobre la intensidad de nuestras correcciones u ordenes, antes que nada debemos tener muy en cuenta el carácter de nuestra mascota y su predisposición a obedecer.
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